Cómo equilibrar tu formación para tener más ofertas de empleo

Hay dos tipos de competencias profesionales: las horizontales, que son las que te facilitan la movilidad de un puesto de trabajo a otro, y las verticales, que son las que te convierten en experto de una materia concreta. Equilibrarlas es difícil y ahí es donde puede ayudarte una herramienta visual llamada Pirámide de Competencias.

Una competencia horizontal, por ejemplo, es tener la licencia de conducir. Para obtener esa titulación tienes que aprender un temario y superar unas pruebas, lo que te permite conducir vehículos a motor de unas características concretas. Aquí hablamos solo del carnet de conducir turismos, no vehículos profesionales como camiones.

Conducir no es una habilidad necesaria para muchos trabajos. Puedes ser agente de seguros, médico o instalador de aire acondicionado sin necesidad de tener ese carnet, pero en igualdad de condiciones, si comparas las posibilidades de dos agentes de seguros que opten a la misma oferta de trabajo, el que tiene carnet de conducir tiene más probabilidades, porque tiene más independencia y movilidad. Puede atender más servicios en el mismo tiempo. Lo mismo pasa si comparas a dos médicos: el que tenga carnet de conducir tiene más posibilidades laborales. No es MEJOR médico, pero si un médico más FLEXIBLE.

Lo importante del comentario anterior no es que conducir te permita ganar más dinero como médico o agente de seguros, sino que es una habilidad que te permite ganar más dinero EN AMBAS profesiones. Es decir, si quieres o necesitas cambiar de trabajo en algún momento de tu carrera profesional, saber conducir es algo que te permitirá hacerlo con mejores posibilidades de encontrar trabajo y ganar más dinero. Cada granito de arena que aportas son más y más posibilidades de encontrar, mantener y mejorar en tu empleo con un gasto y esfuerzo asequible.

Este tipo de habilidades, que se pueden aplicar en un amplio número de profesiones, se denominan «competencias horizontales» y son las que te permiten adaptarte y cambiar en tiempos de crisis o necesidad. Otros ejemplos de competencias horizontales podrían ser hablar idiomas o saber utilizar aplicaciones de productividad personal, como un procesador de textos o una hoja de cálculo.

Las competencias verticales son las que te hacen destacar respecto a otros profesionales en un campo concreto. Es todo lo que haces tras tu periodo de formación inicial que te hace cada vez más y más experto en un tema concreto. Por ejemplo, todos los médicos que salen de la Facultad de Medicina saben algo de cirugía, pero sólo unos cuantos se especializan en cirugía vascular y muy pocos llegan a ser expertos en trasplantes de corazón. Cada seminario, curso, especialidad o experiencia que vas acumulando para ser mejor cirujano cardíaco te convierten en un experto en esa materia. Lo que pasa es que un seminario sobre mallas vasculares (extents) sólo se puede aplicar en ese área. Si mañana tienes que cambiar de especialidad por la razón que sea, es un conocimiento que no podrás aprovechar.

Cuando planificas tu formación, debes encontrar un equilibrio entre competencias horizontales y verticales, porque si tienes muchas de las primeras podrás optar a muchas ofertas de trabajo, ya que serás un trabajador muy versátil, capaz de adaptarte a muchos roles profesionales. Pero no podrás ganar mucho dinero, porque carecerás de especialización y deberás competir con cientos o miles de candidatos que pueden acceder a la misma capacitación genérica que tú tienes.

Si tienes muchas competencias verticales serás un súper-especialista en tu área y podrás optar a puestos muy bien remunerados, porque habrá muy pocas personas que puedan igualar tu preparación en ese área. Pero serás muy vulnerable a los cambios del mercado de trabajo, ya que no tendrás movilidad para asumir funciones de un puesto distinto al que tienes en este momento.

Esta es una de las razones por las que las personas de mayor edad suelen ser víctimas del paro de larga duración: a medida que acumulan experiencia se especializan en un área determinada y asumen que sus ingresos no pueden bajar del nivel que van conquistando. Cuando la situación del mercado cambio o su trabajo se ve eliminado por el avance tecnológico, no tienen posibilidades de volver a encontrar otro empleo. Han perdido su movilidad laboral.

Para facilitar la comprensión de este problema, desarrollé una herramienta visual llamada «Pirámide de Competencias», que incluí en el libro Disrupción. La pirámide es una forma de representar visualmente el equilibrio que debe haber entre competencias horizontales y verticales. Un perfil «ideal» es aquel que tiene una base amplia, en la que puede asentarse con firmeza cualquier carrera profesional, porque tiene capacidad para adaptarse a un amplio número de puestos de trabajo. Al mismo tiempo, no hay que descuidar las competencias verticales, porque son las que te permiten progresar y destacar.

Un vistazo más detenido a la pirámide que puedes ver junto a estas líneas te mostrará una clasificación de competencias más detallada, con varios niveles:

  • Las competencias fundamentales, empezando por abajo, son las que te permiten desenvolverte básicamente en la sociedad, como sumar, leer o escribir.
  • Las competencias transversales son las que puedes aplicar en cualquier ámbito profesional, como conducir o hablar idiomas.
  • Las competencias inter-sectoriales son las que puedes aplicar en un amplio número de puestos de trabajo, dentro de un mismo sector, como saber programar estructuras de datos genéricas.
  • Las competencias sectoriales son aquellas propias de un sector especializado, como saber programar en un lenguaje de programación concreto (Java, Python o C++).
  • Las competencias ocupacionales son aquellas específicas de un puesto de trabajo concreto, como saber utilizar Selenium en un puesto de verificador de software (tester).

Es fácil que te des cuenta que si pones un gran esfuerzo en adquirir muchas competencias verticales, la pirámide se va a descompensar. Cada cursillo, seminario o especialidad que añades en la parte alta de la pirámide te vuelve más y más rígido en tus opciones laborales. Por el contrario, cada cursillo, carnet, seminario o competencia que añades en las capaz inferiores, te dan más y más flexibilidad laboral, porque pueden aplicarse a un amplio número de puestos de trabajo.

¿Quiere eso decir que hay que renunciar a la especialización? En absoluto. La utilidad de la pirámide no es limitar tus opciones, sino llamar tu atención sobre el riesgo que supone convertirse en súper-especialista de cualquier rama profesional, descuidando tus habilidades más genéricas.

Míralo de esta forma: una situación muy habitual es que haya gente que a los 40 años se quede sin empleo, por ejemplo porque su empresa ha quebrado o porque el trabajo que hacía ya no tiene demanda en el mercado. Personas con responsabilidades y obligaciones financieras se encuentran, de repente, compitiendo en un mercado laboral que desconocen y buscando el mismo trabajo que acaban de perder. Si te dedicabas, por ejemplo, a revelar carretes de película fotográfica en los años 90, no hay forma de que vuelvas a encontrar trabajo, porque el mercado ha desterrado las cámaras de película en favor de las cámaras digitales. Toda tu súper-especialización como técnico de laboratorio y revelado, que unos meses antes te habían permitido ganar un buen sueldo, ahora no sirven para nada, porque no hay demanda en el mercado.

Lo que pretende la pirámide es que te des cuenta que si no hay competencias intermedias en tu perfil, entre las habilidades más genéricas, como sumar, leer o escribir, y las más altas, como saber revelar en Cibachrome (un proceso muy especializado de Kodak en los años 80 y 90), te costará mucho encontrar trabajo si te quedas en la calle.

Eso no quiere decir que descuides tu formación especializada, sino que construyas una pirámide fuerte, en la que cada capa apoye los conocimientos de la capa superior y te permita hacer pequeños cambios laborales, si es necesario. Todas las profesiones relacionadas con la informática, por ejemplo, tienen una vida muy corta, porque la tecnología no deja de avanzar y las herramientas que hoy tienen mucha demanda, mañana son completamente inútiles. Un programador de Apache Struts podía tener mucha demanda hace 15 años, pero hoy no tiene ningún futuro profesional, porque es una librería obsoleta. Pero si tienes una buena base de programación en Java, que es el lenguaje sobre el que se aplica Struts, no tendrás problema en aprender «lo siguiente».

Planifica y mantener tu plan de formación es una tarea complicada. Debes mantener un equilibrio entre las habilidades que te permiten progresar y las que te confieren flexibilidad: demasiada especialización y no podrás adaptarte a un cambio del mercado de trabajo; demasiada generalización y sólo podrás competir cobrando sueldos muy bajos, porque cualquier puede hacer tus funciones. El truco está en que estudies la pirámide y construyas un equilibrio de competencias.

Si quieres aprender más sobre cómo organizar tu plan de formación, equilibrar tus competencias y avanzar en tu carrera profesional, sigue leyendo en el capítulo 4 del libro Disrupción: Las Seis Claves para Encontrar, Mantener y Mejorar tu Empleo en el Mercado de Trabajo Digital.

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